lunes, 27 de septiembre de 2010

La policía impone un cordón policial en la Monumental para evitar la agresión a antitaurinos

Si entráis en la noticia (enlace al final) veréis el vídeo de los encontronazos entre taurinos y la policía, quienes impedían que los primeros agredieran a los antitaurinos.

Los Mossos d'Esquadra han impuesto este sábado (25.09.10) un cordón policial a las puertas de la plaza de toros de la Monumental en Barcelona para evitar que un grupo de aficionados agrediera al colectivo de antitaurinos que se concentraba en el lugar.

La tensión entre las personas que acudían a la plaza y los defensores de los animales, que se manifiestan en la misma zona siempre que hay corrida, ha aumentado hasta llegar a un intento de agresión por parte de los taurinos, el colectivo más numeroso, por los que la policía ha tenido que intervenir.

Los dos grupos se han enfrentado poco antes de las 18.00 horas, hora prevista para el comienzo de una corrida con Morante de la Puebla, David Fandilla El Fandi y José María Manzanares como cartel.

Fuente: http://www.elmundo.es/elmundo/2010/09/25/barcelona/1285441978.html
Fecha: 26.09.10

Acto de "graduación" de una escuela taurina

Este vídeo lo he visto en el blog antitaurino humorístico La Araña Peluda: http://aranapeluda.blogspot.com/. La entrada del blog se titula Escuela de asesinos, garrulos y tarados (I).

El vídeo es espantoso, muy duro para los que amamos los animales y gente con un mínimo de sensibilidad, pero por lo visto muy gratificante para todos los asistentes al acto y todos los taurinos quienes se recrean y disfrutan con estas masacres varias veces en cada corrida que asisten. Después de verlo yo acabé un poco mareada, los mugidos del toro no se me van de la cabeza y los comentarios de la gente son de juzgado de guardia. Lo que comenta La Araña Peluda del público que bala como las cabras es exactamente eso: un impresentable que a modo de burla del toro se dedica a balar como una cabra. Qué gentuza. Como aquí no hay musiquilla pasodoblera ni nada que lo tape, se oyen claramente los mugidos de dolor del toro. No me extraña que haya turistas que salgan llorando después de ver una corrida.

Esto es lo que nos cuenta La Araña Peluda:


"Lo que hoy os ofrezco es un vídeo filmado de estranquis por un visitante habitual de este blog. Este hombre se coló en una performance taurina "celebrada" en un lugar ignoto de Hispanistán, dejando para la posteridad digital un "festejo" ciertamente choricil. El guión es simple: los alumnos de una escuela de matarifes se "gradúan" ante un público necio y estúpido que se dedica a balar como las cabras mientras contempla el "sublime espectáculo". Lo que vais a contemplar es tauromaquia en estado crudo, sin adornos y sin aliño. Vais a ver tauromaquia sin clarines, claveles ni pasodobles. Esto es lo que sucede cuando a la cosa esa del toreo se la desprende de Goya, Picasso y Hemingway. Esto es, en síntesis, lo que "sigue teniendo plena vigencia en 2010", según la ministra de incultura González-Sinde. Os advierto que las imágenes son muy duras; un auténtico puñetazo a la sensibilidad y el buen gusto. No tan sólo por el largo tormento del pobre animal, sino por la sobredosis de gilipollismo que destilan. Si no podéis taparos los ojos, al menos taparos la nariz."



Fuente: http://aranapeluda.blogspot.com/2010/09/escuela-de-asesinos-garrulos-y-tarados.html
Fecha: 24.09.10

El toreo después de Cataluña

Hoy os pongo un artículo de un taurino. No, no es que me haya vuelto loca y ahora defienda a los taurinos, ni mucho menos. Lo pongo porque expresa un punto de vista diferente del que solemos oir y leer en el mundo taurino y demuestra que dentro de los taurinos también hay gente que reflexiona y se da cuenta de que los argumentos exhibidos por ellos hasta ahora ya no se sostienen en el mundo actual.

El articulista, Claudio López-Guerra, Doctor en Ciencia Política y Profesor-investigador del CIDE, afirma que los toros sí sufren, que eso lo sabe todo el mundo, y aboga por una reforma de la lidia en que se elimine el maltrato a los toros y por unas corridas sin sangre, por una tauromaquia compatible con el siglo XXI. Desde luego desde mi punto de vista no es lo ideal, pero el artículo demuestra que algo se está moviendo también en el mundo de la tauromaquia.

Artículo de Claudio López-Guerra, Doctor en ciencia política y Profesor-investigador del CIDE

Hace más de 15 años, en un programa de Televisión Española conducido por Mercedes Milá, el diestro Jesulín de Ubrique quiso demostrar de una vez por todas que no le faltaban pantalones, ni dentro ni fuera del ruedo. En un gesto de inigualable ironía, se bajó el pantalón frente a las cámaras para que las cicatrices de sus múltiples cornadas refutaran al espectador que lo había acusado de torear con trampa. Nadie recuerda otra cosa de esa noche. Pero yo, que siempre disfruté debatir con antitaurinos, registré bien otro momento del programa. Un crítico embistió contra otro de los invitados de Milá, José Miguel Arroyo Joselito, acaso el torero más elegante de la historia, con el tema del sufrimiento animal. Joselito respondió, palabras más, palabras menos: “Yo qué sé si el toro sufre. No soy toro”.

La verdad es que Joselito era mejor con la muleta que con el micrófono: es innegable que el toro sufre durante la lidia. Embiste y expresa su bravura a pesar de su martirio, que no es invención de la mente zoológica de los activistas de Greenpeace. Los taurinos, en el fondo, lo sabemos. Tras un descabello infructuoso, por ejemplo, la dolencia del toro es más que evidente. Cuando uno está a escasos centímetros del toro —cuando uno es el responsable de que muera pronto— la agonía del bicho se siente como propia. Lo sé por experiencia, pues hubo un tiempo en que quise ser torero. La última vez que me vestí de luces tuve que acudir al descabello. No sé cuántas veces lo intenté. Pero las imágenes de aquel novillo en pena nunca podré borrarlas. El toro de lidia, como cualquier animal con un sistema nervioso, siente.

En realidad, es inusual que alguien niegue el maltrato del toro en la plaza. Lo que todo taurino rechaza ferozmente es la idea de que la crueldad de la fiesta justifica su prohibición, como ha ocurrido en Cataluña. La belleza y la mística del toreo, la buena vida del toro durante su crianza, las raíces históricas del espectáculo, que es más digno morir en el ruedo que en el rastro, que hay otras y peores formas de tortura animal, que nadie está obligado a ir a las corridas de toros, que se debe respetar la libertad, que esta especie bovina ya se hubiera extinto de otra forma, que al toro se le admira y respeta. Así justifica el taurino cualquier maltrato que pudiera padecer el toro.

Aprendí estos argumentos de memoria, incluso antes de aprender a sostener un capote. Hoy, con el sosiego de los años —y con las exigencias de mi oficio académico— diría que hay de todo entre estas razones. La más tonta, aunque muy común, es aquella de la asistencia voluntaria: si no te gustan los toros, no vayas.

Nadie está obligado a mirar pornografía infantil tampoco, lo cual no es una buena razón para permitirla. La defensa más peligrosa, y que de hecho predominó en el reciente debate en Cataluña, es el exhorto a la libertad. En nombre del multiculturalismo (la filosofía política que exige libertades especiales para ciertas minorías) hoy se cometen injusticias atroces, como la mutilación genital de niñas que practican algunos grupos islámicos. Desde una perspectiva intelectual, la más interesante de las razones es la utilitarista: al sumar el placer y el dolor en la vida del toro, el balance es positivo, lo cual justifica seguir criando toros. El problema, sin embargo, es que el sufrimiento no es inherente a la existencia del toro. La causa —nosotros— es fácilmente extirpable. Basta, como en Cataluña, con emitir una ley.

A final de cuentas, no creo que haya buenas razones para justificar el sufrimiento del toro. Sin embargo —y éste es mi punto central— la tauromaquia queda intacta. La idea es simple: estoy convencido de que el martirio del toro no es consustancial al arte de torear. Podemos eliminar el maltrato sin socavar la esencia del toreo. Lo que es más, me atrevo a afirmar que el futuro de la fiesta depende de ello. Así que no sólo por razones éticas, sino también pragmáticas, debemos reformar la lidia.

En su clásico Homenaje a Cataluña, George Orwell señaló que la mayoría de los toreros eran fascistas, lo que explicaba la ausencia de corridas en Cataluña durante la guerra civil española. Habrá más de un antitaurino que se regocije con el apunte. Pero a diferencia de lo que piensan —o quieren pensar— algunos, el objetivo de la fiesta brava no es de ninguna manera hacer sufrir al toro. Si por decreto divino el toro de lidia se volviera inmune a cualquier tipo de sufrimiento, todos lo celebraríamos. Los taurinos no somos sádicos. Pero si esto es así, si en efecto el martirio del toro no es necesario para el arte del toreo, entonces los tres aspectos de la lidia que laceran al toro son dispensables: la puya, las banderillas, y la muerte.

Sin duda, estas prácticas tienen una función en la lidia tradicional, tanto que ésta se organiza en torno a ellas. Pero no son necesarias para que haya arte. Que la faena de muleta es más viable picando al toro, no hay duda. Sin embargo, sería absurdo decir que el buen toreo de muleta desaparecería junto con la puya. Lo que desaparecerían son los toreros sin técnica ni valor, lo cual aumentaría el mérito de lo que se hace en el ruedo, y con ello la energía de la fiesta. Desaparecería, además, el problema de los toros que prácticamente mueren con la puya en lugar del estoque cuando su embestida no es del gusto del torero. Habrá quien diga que en el tercio de varas se mide la bravura del toro. Pero nadie (excepto algunos ganaderos) va a la plaza para medir la bravura del toro con la supuesta exactitud de la puya. El arte del toreo es otra cosa.

Las banderillas tienen la función de adornar al toro, además de que el acto de ponerlas —cuando se hace bien— suma a la belleza del espectáculo. Pero lo cierto es que no son necesarias, como lo demuestra el hecho de que no figuran en la tauromaquia de la mayoría de los toreros contemporáneos. Por otra parte, el toro bravo no necesita maquillaje. Es un animal magnífico en su forma natural. Los aretes sobran. Además, las banderillas estorban a los toreros, quienes muchas veces pasan duras penas para quitarlas (y es entonces cuando el neófito, con razón, pregunta para qué demonios las pusieron). El hecho más sugerente de todos, creo, es que cuando los aficionados no pueden esperar a que termine la lidia para ir al baño, lo cual es frecuente a partir del segundo toro, es decir, de la tercera cerveza, el momento que todos aprovechan es precisamente el segundo tercio. Banderillas: la suerte de la orina.

Finalmente, la muerte del toro. Su categoría de “suerte suprema” sugiere que no es posible substraerla sin consecuencias. Esto es verdad si lo que importa es la tradición. Es falso si lo que importa es el arte. El toro no tiene por qué morir en el ruedo. Si por gracia de un oráculo supiéramos que José Tomás, Enrique Ponce y Miguel Ángel Perera van a indultar a los dos toros de su lote en una corrida próxima, las localidades no sólo se agotarían; se cotizarían a 20 veces su precio regular, aunque nada matarían los matadores en esa tarde. La magia del toreo no se nutre de la muerte del toro, se nutre de su vida. El toreo es la improbable armonía bélica. Es pintar en el agua. Lo dijo Bergamín: es una música callada. Pero viva. Nada añade, en términos de arte, matar al toro. Si la costumbre fuera la opuesta, es decir, no matarlo, nadie lo pediría hoy. Con todo respeto para el regiomontano, ¿qué loco cambiaría un natural excelso de José María Manzanares (padre) por todas las estocadas certeras de Eloy Cavazos? Un dato: matar bien a los toros no alcanza para ser figura del toreo, pero puedo citar 20 figuras que fueron pésimos estoqueadores. No, la suerte suprema no es la de matar al toro. Es el trazo con temple, quietud, unión, verticalidad, ingenio, pasión. Es el toreo de verdad.

Para los aficionados ortodoxos seré peor que un adversario: un traidor. Mi consuelo (de necesitarlo) sería que hoy nadie se acuerda de los puristas de ayer. Hubo quienes objetaron cuando se introdujo el peto para proteger a los caballos de pica. Los conservadores pensaron que era una forma de esterilizar, de domesticar a la fiesta. Hoy sería impensable quitarlo para volver al regadero de tripas. El fundamentalismo taurino, afortunadamente, no es un nuevo movimiento social. Por eso tengo la esperanza de que en un futuro no tan lejano nadie se acuerde de aquellos que hoy se oponen a reformar la lidia para mitigar el sufrimiento del toro.

La tauromaquia ya agonizaba en Cataluña. Su prohibición legal no es más que un síntoma. Pero también es una oportunidad para que los taurinos reflexionemos y revivamos el arte del toreo. Qué digo revivirlo: proyectarlo de una manera antes impensable. Sólo hay que cerrar el grifo de la sangre. Insisto, acabar con el maltrato no es corromper la esencia de la tauromaquia. Todo lo contrario. Y, además de ser lo correcto, sospecho que es la única forma de lograr que el toreo sobreviva en las aguas hacia donde se encauza el mundo. Cataluña: punto de inflexión o crónica del futuro. Está por verse.

Fuente: http://www.nexos.com.mx/?P=leerarticulo&Article=265405
Fecha: 01.09.10

Denuncian a una web por maltrato y muerte de animales

Mérida, 23 sep (EFE).- Ecologistas Extremadura ha denunciado ante la Dirección General de Medio Natural y el Servicio de Protección a la Naturaleza (SEPRONA) de la Guardia Civil la existencia de una pagina web con un serie de grabaciones en las que se puede ver el maltrato y la muerte de un zorro o de un meloncillo.

Estas grabaciones y varias fotografías reflejan graves infracciones contra diversas leyes relacionadas con el maltrato animal, las especies protegidas y la caza, según ha informado este colectivo en un comunicado remitido a Efe.

Las especies afectadas son el meloncillo (Herpestes ichneumon), el tejón (Meles Meles) y la gineta (Genetta genetta), tres mamíferos protegidos, considerados de "Interés Especial" por el Catálogo de Especies Amenazadas de Extremadura.

A ellos se une el zorro (Vulpes vulpes), una especie cinegética cuya caza, según ha apuntado, sólo puede realizarse bajo unas normas legales muy concretas.

Precisamente, según los ecologistas, en el primer vídeo se puede ver que un zorro vivo es introducido en un pequeño recinto alambrado, en el que es acosado, perseguido y muerto por varios perros.

El segundo muestra como un sujeto azuza con el pellejo de un zorro a un grupo de cachorrillos de perro, que desde muy jóvenes son ya entrenados para matar.

El tercer vídeo es, a su juicio, de una "crueldad inusitada", ya que dos individuos, al menos, un hombre y una mujer, graban la muerte de un meloncillo a manos de varios perros.

"Tan llamativo es en este vídeo la dureza de las imágenes como el gozo y el disfrute que estos sujetos demuestran con sus comentarios durante los dos minutos y medio que dura la pesadilla para el meloncillo", según Ecologistas Extremadura.

Aparte de estos vídeos, en la misma página web aparece una fotografía de un tejón abatido en una cacería y otra de una gineta encerrada en una pequeña jaula.

Ecologistas Extremadura, ante la gravedad de los hechos denunciados, "en los que se refleja la crueldad, el sadismo, la falta de sensibilidad y el desprecio por los animales de estos individuos", ha hecho público lo ocurrido y ha pedido que las administraciones competentes hagan lo necesario para que todo el peso de la ley caiga sobre los responsables de estos actos.

El titular de la página web está plenamente identificado, ya que aparecía su imagen en varios vídeos y fotografías, así como su correo electrónico, teléfono móvil, nombre o perfil de Facebook, según este colectivo.EFE

Fuente: http://www.abc.es/agencias/noticia.asp?noticia=527485
Fecha: 23.09.10