viernes, 1 de abril de 2011

El chapapote mata en Madrid

Decenas de aves mueren en una laguna contaminada de Arganda dos años después de comprarla la Comunidad

Hoy hace exactamente dos años el director general de Medio Ambiente, Federico Ramos, acudía a una laguna situada en el paraje Boca Alta, en el parque regional del Sureste, a escasos siete kilómetros de Arganda del Rey. El responsable regional posaba junto a una laguna de chapapote para anunciar a bombo y platillo la adquisición de los terrenos, unas 6,4 hectáreas, para recuperarlos. Pero una cosa son las palabras y otra, los hechos.

Dos años después la imagen que ofrece la laguna, del tamaño de un estadio de fútbol como el Santiago Bernabéu (1,2 hectáreas), es espeluznante: la orilla está plagada de diferentes especies de aves muertas y enfangadas por el chapapote que cubre la charca.

Un profundo hedor recorre la zona, una mezcla a aceite industrial y gasóleo. La ribera de la laguna está salpicada de bidones de productos químicos. El agua es grisácea y provoca un efecto espejo en la laguna, sobre la que se reflejan con perfecta nitidez las nubes.

La semana pasada, vecinos de la zona acudieron al lugar para comprobar el estado de la laguna. Se encontraron con un ejemplar de pato cuchara moribundo que no podía salir de la espesa charca. Trataba de mover las alas empapadas de hidrocarburos. Lo recogieron y llamaron a una patrulla de agentes forestales que levantó acta del suceso, según cuenta un guarda forestal, que prefiere no dar su nombre. También recogieron varias decenas de cadáveres de aves, algunas de ellas amenazadas, como la garza. Todas rebozadas en una sustancia negruzca y pegajosa.

Un portavoz de la Consejería de Medio Ambiente explicó ayer que la Comunidad está actuando. "Se han hecho estudios y análisis para ver qué hay exactamente en la laguna. Los trabajos aún están en marcha", dijo. Vecinos de la zona han denunciado la situación a la Fiscalía de Medio Ambiente de Madrid. El fiscal ha ordenado a la Guardia Civil que investigue la situación de la laguna de aceite, según los denunciantes. También han recurrido a la Confederación Hidrográfica del Tajo (CHT), porque consideran que la enorme charca de chapapote está conectada con pozos y otras lagunas de la zona a través del nivel freático. La capa de aceite, de al menos 20 centímetros, convierte a la laguna en una trampa mortal para los animales que se acerquen a beber.

El pato cuchara que los agentes forestales salvaron la semana pasada fue trasladado al centro de recuperación de especies amenazadas de la Comunidad de Madrid en Tres Cantos. Será difícil que sobreviva porque el PH de la charca es muy ácido. Un muro recorre la parcela donde está situada la laguna de chapapote. Una puerta de hierro negra permite el acceso a todo aquél que quiera asomarse. Está a cerca de un kilómetro de la autovía A-3, en el camino del Porcal, junto a Arganda (53.000 habitantes).

Elena, una naturalista de la zona se ha preocupado de recoger los cuerpos de los animales muertos al caer a la viscosa charca y dejarlos junto a la orilla. Tiene intención de hacer un censo de daños. "Podían haber puesto espantapájaros o luces para que los patos no se posen cuando tratan de beber", dice Elena. "Ya pusimos una malla para tratar de frenar esta situación. También pusimos unos sensores de sonido pero tampoco funcionaron", tratan de justificar desde Medio Ambiente.

La situación no es nueva. Los ecologistas llevan años denunciando la situación. Ignacio Otero, de Grefa, calcula que desde los ochenta han muerto unas 20.000 aves en la laguna. Pero pensaron que cuando la Comunidad de Madrid compró la parcela hace dos años, por unos 50.000 euros, arreglaría la situación de la laguna.

El portavoz de Medio Ambiente trata de justificar la situación. "La Comunidad de Madrid adquirió la parcela en febrero de 2009 para recuperar la zona. Se han realizado estudios de caracterización y análisis de los residuos líquidos. Se han hecho sondeos en 45 puntos y se han tomado 146 muestras que se están analizando para determinar la viscosidad, humedad, volatilidad y determinar la cantidad de ceniza e hidrocarburos en las aguas".

Entre las soluciones que baraja el Gobierno regional está la creación de una planta de tratamiento de residuos. "Crear un vertedero controlado y permeabilizar la zona para posteriormente hacer un paisaje verde", explica el portavoz. Desde Medio Ambiente argumentan que el procedimiento es caro y complejo técnicamente. Fuentes de la consejería calculan que podría costar unos 20 millones de euros. "Se ha pedido financiación mediante los fondos Life de la Unión Europea", alega un portavoz.

La historia de esta laguna de la vergüenza nace a mediados del siglo pasado, en la época del desarrollismo cuando las empresas de áridos arrancaron la tierra de varias parcelas de la zona. Al alcanzar el nivel freático, las graveras se llenaron de agua y se formaron lagunas artificiales. Algunas fueron rehabilitadas, como las de la finca el Porcal, donde ahora anidan miles de especies.

Pero a finales de los ochenta se instaló en la laguna dos empresas de tratamiento y reciclaje de aceites, Uribarri y Piqsa, según el Gobierno regional. Durante años realizaron vertidos a la laguna, mientras resaltaban el valor ecológico de su empresa. La planta cerró definitivamente en 1997. Durante más de 20 años la laguna está cubierta por una costra de aceite.

Hace dos años tras las reiteradas denuncias de los grupos ecologistas, el Ejecutivo regional adquiere la laguna con el compromiso de rehabilitarla. "Con la restauración de esta laguna se resuelve el problema heredado de los administradores precedentes y se apuesta por recuperar uno de los espacios protegidos con mayor biodiversidad de la Comunidad de Madrid", dijo hace dos años Federico Ramos. "Hemos afrontado un problema", dicen ahora en su departamento.

Fuente: http://www.elpais.com/articulo/madrid/chapapote/mata/Madrid/elpepiespmad/20110331elpmad_1/Tes
Fecha: 31.03.11

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