viernes, 14 de octubre de 2011

Dos especies y un destino

En la naturaleza, los seres vivos crean lazos tan estrechos que, cuando una especie se extingue, otras sufren tratando de llenar su hueco. Este hecho se conoce como "cadenas de extinción". No se trata de un efecto dominó, en el que la desaparición de una especie lleva a todo el ecosistema al colapso, sino que en algunos casos la extinción de un elemento lleva al declive a otro.

Un caso famoso es el del Dodo. La historia de este enorme pájaro es de sobra conocida: al vivir en una isla aislada en la que no existían depredadores, nunca desarrolló estrategias para huir de ellos. Con la llegada del ser humano a las islas Mauricio a finales del siglo XVI, comenzó a ser cazada de forma masiva, reduciéndose su población. Además, para proveer a los marinos de alimento en sus largas travesías, se fueron introduciendo distintas especies de animales de granja, que se fueron asilvestrando y actuando como depredadores. Estos dos factores llevaron a la extinción del Dodo, del que no se ha encontrado ningún ejemplar desde 1681.

No hay muchos datos sobre el Dodo. Se trataba de un ave de la familia de las palomas, en torno a 12 kilos de peso y que se alimentaba principalmente de frutos. Curiosamente, el árbol más común en la isla mientras este pájaro vivía era el Tambalacoque, que produce unas bayas de gran tamaño. Hoy en día la población de esta especie se ha recuperado, pero en los años 70 se encontraba al borde de la extinción. En palabras de Stanley Temple, el ecólogo responsable de poner a esta especie en la palestra internacional, "tan solo se podían encontrar 13 viejos, sobremaduros y moribundos árboles".

Temple descubrió que el problema era la semilla. Para protegerlas de la molleja del dodo, el tambalacoque fue engrosando el hueso de sus bayas. El ave regurgitaba las pipas que no había podido abrir, con lo que el árbol conseguía transportar sus semillas mucho más lejos. Dos beneficios con el mismo coste. Ese fue el factor que supuso su declive, ya que al faltar el pájaro, la semilla no tenía suficiente fuerza para abrir su armadura y no podía germinar, con lo que la población pasó a consistir en adultos en declive.

Existe mucho debate en torno a la dependencia del tambalacoque y el dodo; hoy en día, el consenso es que la relación no era tan estrecha y necesaria. Otras especies presentes en la isla pueden ejercer el mismo tratamiento mecánico a la semilla, aunque en cantidades menores. Y con un excelente trabajo por parte de las autoridades forestales de isla Mauricio, la población se ha ido recuperando. Pero sin dodo, el tambalacoque lo ha pasado mal, de eso no hay duda.

Hay otras dos historias famosas de relaciones de interdependencia; las dos involucran a caracoles. La primera tiene lugar en las islas Bermudas, y el coprotagonista es el cangrejo ermitaño. Este crustáceo utiliza las conchas vacías de caracoles como refugio y como señal de estatus social. En las Bermudas utiliza habitualmente conchas de la familia de los caracoles nerítidos, que son de pequeño tamaño, capaces de alojar solo a individuos juveniles o adultos de tamaño reducido. Los individuos con más éxito habitan en conchas de buccinos, de mucho mayor tamaño, que habitualmente consiguen a costa de otro congénere. Por desgracia, los buccinos están extintos en las Bermudas y todas las conchas que quedan son fósiles, que se van desgastando con el paso del tiempo. Se podría decir que estas conchas son "recursos no renovables".

La segunda historia involucra a los carboneros, primos cercanos de los gorriones. A finales de los años 80, varios ornitólogos holandeses se dieron cuenta de que cada vez se veían menos a estos pájaros. Lo interesante del caso era que las poblaciones "salvajes", las que se encontraban en lugares más alejados de ciudades grandes, eran las que estaban en peor situación. Cuando se comenzó a investigar este caso, encontraron que muchos huevos tenían una cáscara muy frágil que hacía que no sobreviviesen a la época de incubación. En algunos casos, los padres abandonaban la puesta al pensar que no saldría adelante.

Los biólogos buscaron el motivo de dicha fragilidad en los huevos, y la causa que encontraron fue la falta del calcio en la dieta de los padres: las aves acumulan muy poco en su organismo y todos los vertebrados necesitan una dosis mayor durante el periodo de reproducción. Normalmente, esta especie obtiene este elemento de la concha de los caracoles de los que se alimenta, pero estos eran cada vez menos abundantes. Por su parte, el declive de los caracoles respondía a la acidez del suelo, provocada por las actividades industriales humanas. Una vez que consiguieron subsanar el desequilibrio, las poblaciones de caracoles volvieron a crecer, aumentando la disponibilidad de calcio para las aves y recuperando la vitalidad de ambas especies

Como puedes ver, las cadenas de extinción suponen un problema añadido para la conservación de la naturaleza y nos demuestra una vez más la importancia que todas las especies tienen para mantener un ecosistema.

Fuente: http://es.noticias.yahoo.com/blogs/cuaderno-de-ciencias/dos-especies-y-un-destino-115148470.html
Fecha: 07.10.11

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