jueves, 29 de diciembre de 2011

Los arácnidos también tienen instintos maternales

Cuando pensamos en el comportamiento de los arácnidos, se nos vienen a la mente varios conceptos: feroces depredadores, agresivos defensores de sus territorios, incluso pensamos en el canibalismo entre parejas reproductoras o padres e hijos. Nunca nos los imaginamos compartiendo espacio y reconfortándose entre ellos. Sin embargo, hay al menos dos especies de arácnidos que sí demuestran este tipo de comportamientos. Ambos pertenecen al orden de los amblipigios.

Estos arácnidos se caracterizan por tener el primer par de patas extremadamente largo, que emplean a modo de antenas para percibir el entorno, detectar a sus presas y localizar fuentes de agua. Y, según se acaba de demostrar, también las emplean para relacionarse entre los miembros de la familia, lo que podríamos llamar "hacerse caricias".

Las madres de la primera especie, Phrynus marginemaculatus, cargan con sus crías sobre el abdomen hasta la primera muda, que tiene lugar en torno a las tres semanas. Durante este tiempo, emplea sus largas antenas para tocarlas y acariciarlas, consiguiendo calmarlas. La cría que está recibiendo el contacto materno pasa a situarse en una posición central en el abdomen, y agita levemente su cuerpo y sus antenas para responder a su madre. Más sorprendente aún resulta que las propias crías presenten el mismo comportamiento, tocándose con sus antenas entre ellas y buscando el contacto con la madre. Los miembros de Damon diadema, la segunda especie, también demuestran una relación de cuidado y reconocimiento entre madres e hijos, de un modo muy parecido al de P. marginemaculatus.

Es en la adolescencia donde se encuentran las diferencias. Mientras que la primera especie continúa presentando este comportamiento durante toda su vida, los individuos de D. diadema adolescentes presentan muestras de agresiones entre ellos, como la falta de patas o heridas en el abdomen. Al llegar la edad reproductora, el comportamiento social deja de ser útil.

Ambas especies son viejas conocidas para la ciencia y, sin embargo, no ha sido hasta el mes de agosto de este mismo año cuando este comportamiento ha sido descrito. Esto se explica por dos razones. Por una parte, los amblipigios son animales esquivos y de hábitos nocturnos, con lo que son difíciles de encontrar. De hecho, en caso de verse acorralados, pasan a inmovilizarse, tratando de confundirse con el entorno y así pasar desapercibidos.

La segunda razón es que nadie había buscado antes este tipo de conductas. Se conocen los rituales de cortejo y las batallas territoriales en las que se enzarzan, y los investigadores asumieron que se trataba de organismos solitarios.

La ventaja que estos patrones ofrecen es claro. Al tratarse así, y reconocerse como miembros de la misma familia, la madre puede cuidar de sus crías aumentando las posibilidades de supervivencia de la nueva generación. Podrían, incluso, compartir alimentos, aunque este es un hecho que los científicos aún no han podido demostrar.

Fuente: Yahoo Noticias
Fecha: 23.12.2011