jueves, 22 de diciembre de 2011

Unidos en la exclusión

Presos de Quatre Camins adiestran a perros abandonados para que sean aptos para la adopción. Los internos ganan en "tolerancia, empatía y autoestima", dicen los terapeutas.





Todos los miércoles, cinco perros salen de sus jaulas en la Societat Protectora d'Animals de Mataró (SPAM) para ir al centro penitenciario de Quatre Camins, en La Roca del Vallès. Allí les esperan 20 internos que les enseñan normas básicas de adiestramiento, lo que facilitará su adopción. A su vez, los presos adquieren experiencia como futuros educadores caninos y «trabajan la tolerancia, la frustración, la autoestima, el lenguaje corporal y la comunicación», dice Marta Masmitjà, directora del Área Social de la SPAM, impulsora del programa de terapia.

Masmitjà destaca la situación compartida de desamparo, el paralelismo que hace que presos y perros adquieran fuertes vínculos: «En la cárcel hay falta de libertad y en el refugio también; los excluidos sociales y los animales abandonados, también excluidos, se unen y se ayudan mutuamente». Participar en la terapia es «un premio» para los internos, que son elegidos por el centro. «Se les selecciona por buen comportamiento, y deben gustarles los perros y querer implicarse», explica Marina Sebastián, técnica de terapia asistida y etóloga de la protectora.

Oasis de normalidad

El programa es trimestral y consta de 12 sesiones, con una hora de teoría y otra de práctica. Reina el buen ambiente y se hace fácil olvidar que la actividad transcurre en el jardín de una cárcel. «Estar con los perros evoca a los presos un entorno familiar y los recuerdos de cuando estaban en casa», dice Sebastián. Entre los contenidos de las sesiones figuran el lenguaje corporal de los perros, sus señales de comunicación, el refuerzo positivo como método de trabajo, el adiestramiento, problemas de conducta causados por falta de bienestar y ejercicios de agilidad, para los que los propios internos construyen los accesorios.

Preso desde hace casi dos años, Juan colabora como voluntario. Trabajó en el Ejército con perros en la desactivación de explosivos y aporta sus conocimientos a sus compañeros. Preso y formador a la vez, se le ve reír a menudo. «Imagina que estás encerrado y te dan la ocasión de participar en algo a lo que has dedicado tu vida; el programa me ha supuesto una pequeña libertad dentro de la cárcel», dice, y destaca que «el animal saca lo mejor de uno, da mucho y no espera nada a cambio». Masmitjà corrobora que «los internos se sienten queridos, se sienten ellos mismos, porque el perro no les juzga».

«Algo bonito»

Fabián lleva dos años y medio en prisión. «Participar en el programa me motiva y me da ánimos. Me apunté por no estar en el patio una mañana más y ver solo muro; salir aquí y ver verde es diferente» explica. «Y he aprendido algo bonito, a tratar bien a un animal y enseñarle normas». Sergi está preso desde hace cinco años y medio: «Cogemos mucho cariño a los perros. Yo siempre trabajo con este, Dumbo, porque es hiperactivo y considero que yo también lo soy. Por eso congeniamos bien».

Con la terapia, los internos ganan en «tolerancia, empatía y autoestima, dice Masmitjà. «Su lenguaje corporal cambia radicalmente. Inicialmente es brusco y agresivo, pero acaba siendo natural y relajado porque aprenden en positivo, que con el premio se consiguen cosas, y con la violencia, nada». Los presos se avezan a reforzar las buenas conductas del animal sin castigarle nunca.

Gracias al programa, buena parte de los perros participantes han sido adoptados. Esta es una de las motivaciones más importantes para los presos, lograr que los animales puedan dejar sus jaulas en la protectora y encontrar un hogar. Pero también es un momento difícil para ellos, porque deben despedirse de unos animales a los que ya tienen apego. Algunos internos que ya han salido de prisión siguen colaborando con la protectora.

El programa en Quatre Camins, que ha contado con una subvención de la Obra Social de La Caixa, acaba el próximo miércoles. Un total de 80 presos habrán participado en él. «La intención es continuar, pero hay que encontrar la fórmula», dicen sus responsables. Si bien el coste no es muy elevado, sí implica «el transporte de los perros y una logística». La SPAM ha emprendido también un programa piloto en el Centre Penitenciari de Joves de La Roca.

La salida por los desiertos pasillos de Quatre Camins se hace ruidosa con la euforia de los perros. Sus formadores eventuales se quedan dentro a la espera de la siguiente sesión, dos horas de distensión y afecto con un animal con el que trabajarán para estar listos el 6 de enero, cuando harán una exhibición ante sus familias.

Fuente: http://www.elperiodico.com/es/noticias/sociedad/unidos-exclusion-1264562
Fecha: 12.12.2011

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