domingo, 29 de enero de 2012

Un perro salva de morir asfixiados a tres niños y cinco adultos en un incendio

Doce y media de la noche en la calle Suspiro de la Reina número 25 de Alhendín, del pasado miércoles 18. La amplia familia Fernández Guerrero duerme plácidamente después de un duro día de trabajo para todos. En la planta baja, junto a la cochera hay una pequeña habitación donde esa noche la abuela Lola, de 66 años, decide compartirla con dos de sus nietos de cinco y nueve años, el más pequeño tenía fiebre. En el piso de arriba, hay otro menor de seis años y cuatro adultos más. Fuera, en la calle, el mercurio del termómetro baja de cero, el frío es capaz de apagar hasta las llamas del infierno, por ello Simba, un perro de la raza shar pei, y Nala, un chihuahua, duermen dentro de la planta baja, en una zona contigua a la habitación donde se encuentran los dos pequeños y la abuela.

La casa de esta familia, ubicada en la urbanización El Arenal de Alhendín, se convirtió en una trampa de llamas y humo la madrugada del día 18. Un cuadro eléctrico ubicado en la parte externa comenzó a arder con tan mala suerte de que el fuego reventó una ventana de cristal de la planta baja. Simba y Nala, los dos perros, que descansaban en este habitáculo reaccionaron de forma inmediata. Lo primero fue avisar a la abuela y a los dos nietos, instalados en una habitación en este bajo; los animales comenzaron a arañar un trozo de madera que les impedía el paso al dormitorio, separado por una cortina del resto del garaje. Gruñidos, ladridos, arañazos en la madera… Los perros trataban de despertar a la abuela sin demasiado éxito. Pasaban los minutos. El humo negro invadía todo el bajo, mientras que las llamas devoraban unos colchones de esponja, cortinas, dos sofás, dos motocicletas y un pequeño bidón de gasolina, aquello se convirtió en una ratonera sin salida.

La abuela, a quien llaman Lola, por fin, despertó, agarró con fuerza a sus dos pequeños y los colocó junto a una ventana, abierta a la zona exterior de la casa. Los niños eran presa del miedo.

Mientras esto pasaba en la parte baja, en el piso superior de la casa había cinco personas durmiendo plácidamente, entre ellas un niño y un varón de 67 años. Simba, el perro de raza shar pei, una vez que se percató de que la abuela y los dos nietos estaban a salvo junto a la ventana así como el pequeño chihuahua que también se quedó con la mujer, se lanzó como una bala hacia la planta superior. Una carrera contrarreloj, no solo contra el tiempo, sino contra el humo negro que comenzaba a invadir la planta de arriba. Nadie sabe cómo este perro aguantó la falta de oxígeno, pero logró sortear los más de doce escalones entre un piso y otro, atravesando una densa cortina de humo. Una vez arriba, se dirigió a la habitación de su dueña, Leticia hija del propietario de la vivienda quien dormía pero con la suerte de que su pareja estaba trabajando en el ordenador en la misma habitación. El perro se encontró con la puerta cerrada. Comenzó a arañarla, a ladrar, a lanzar gruñidos… tal y como hizo en la planta inferior con la abuela. Tras insistir e insistir le abrieron la puerta, y entró un golpe de humo brutal que anegó el dormitorio. «¡Fuego, fuego!», no dejaba de repetir la pareja al unísono. «¡Fuego!», repetía.

El perro volvió con los niños

El propietario de la casa salió de otro dormitorio contiguo alarmado, sin tiempo de ponerse el pijama, igual pasó con otro de sus hijos que ocupaba otra habitación anexa donde el perro también acudió para avisar. «Primero pensé en sacar a mi mujer y los dos nietos que se encontraban en el dormitorio de abajo. Era mi mayor preocupación, tenía que sacarlos de allí como fuera, pero era imposible llegar», comenta Antonio, un hombre de 67 años, que ha dedicado toda su vida a levantar un negocio de tapicería en Armilla y ahora disfrutaba de su jubilación junto a los hijos y nietos. Simba, el protagonista de la historia, se cercioró bien de que todos los miembros de la casa estaban en guardia ante el fuego, y en lugar de marcharse fuera de la vivienda a respirar el aire que le faltaba, decidió regresar al piso bajo junto a la abuela y los dos nietos.

La situación era angustiosa, mientras el dueño de la vivienda lanzaba chorros de agua de una manguera contra el foco de fuego, otros acudían al exterior a pedir ayuda a los vecinos. «Fue una pesadilla y estamos vivos gracias al perro», resume Antonio Fernández, mientras se le escapa alguna lágrima. Los vecinos acudieron con sierras radiales, con cubos de agua, con palancas para forzar puertas... mientras Simba aguantaba con las patas temblorosas cerca de donde estaba la mujer de 66 años junto a sus dos nietos. La abuela Lola reaccionó, después de diez minutos sin saber qué hacer junto a sus pequeños, presos del pánico. Una placa de metal ubicada debajo de la ventana, comunicaba con la parte externa de la casa, aunque llevaba años sin abrirse, la mujer se acordó y logró escaparse de las llamas y el humo por este agujero, acompañada de los dos nietos y la pequeña perra Nala. Simba no pudo salir y se quedó atrapada en el garaje. Ya estaban todos a salvo y mientras unos trataban de apagar las llamas, otros se abrazaban empañados entre las lágrimas de la desesperación. Entretanto, apareció la Guardia Civil de Las Gabias, quien se encargó de llamar a bomberos y al dispositivo sanitario del 061.

Los efectivos contraincendios del parque sur de Granada fueron los responsables de sacar moribundo del garaje al perro Simba, gracias al cual no murieron asfixiados los ocho ocupantes de la vivienda. «Si el perro no los avisa a tiempo, la masiva inhalación de humo los hubiera matado», comenta uno de los agentes que participó en las labores de extinción del incendio. El can fue rescatado cuando se encontraba casi asfixiado, los sanitarios del 061 le suministraron oxígeno mientras una vecina de la familia, de profesión veterinaria, acudió para llevarse al perro a su clínica privada. Allí permaneció casi dos días ingresado, mientras se recuperaba. La dueña, Leticia, acudió a por su perro la tarde del jueves. La inhalación de humo le ha dejado afectado el cerebro y sufre una pequeña hemiplejía, pero, al menos, sigue con vida. La casa ha quedado destrozada, pero la familia así como los dos perros han sobrevivido a la catástrofe. «Le debemos la vida y nunca le podremos pagar lo que ha hecho por nosotros».

Fuente: http://www.ideal.es/granada/20120125/local/granada/perro-salva-morir-asfixiados-201201251051.html
Fecha: 25.01.12

Una guía recomienda separar a perros y gatos en las clínicas

Las clínicas veterinarias de España podrán contar con una guía de buenas prácticas para hacer su establecimiento más amigable con los gatos. La guía, que ya se ha distribuido por otros países gracias a la Sociedad Internacional de Medicina Felina, fue presentada ayer en el Congreso de Medicina Felina que hoy termina en el hotel Araguaney, en Compostela.

Se trata, sobre todo, de realizar un cambio sustancial tanto en la sala de espera como en la consulta a la hora de recibir a un felino. La primera recomendación que deben seguir las clínicas veterinarias es intentar que gatos y perros -«enemigos naturales», según destaca Libertad Real, presidenta del grupo de estudio en medicina felina de la Asociación de Veterinarios Españoles Especialistas en Pequeños Animales- permanezcan separados en todo momento. Por ejemplo, recomiendan una separación física en la sala de espera y en la zona de hospitalización o, si no es posible, intentar dar citas a gatos y perros a horas diferentes para que no coincidan.

Del mismo modo, la guía también realiza recomendaciones sobre el tratamiento que hay que dar a los felinos durante la consulta. «Con los gatos, ir despacio es lo más rápido», explica Libertad Real. El programa recomienda al personal de las clínicas veterinarias dejar un tiempo al gato para que se adapte a la consulta, no intentar forzarlos e incluso realizar el examen dentro del transportín.

El congreso también analizó la controversia sobre la alimentación felina. Los veterinarios suelen recomendar una dieta a base de comida comercial -pienso y latas- que se puede complementar con alimentos como carne fresca.

Fuente: http://www.lavozdegalicia.es/noticia/sociedad/2012/01/29/guia-recomienda-separar-perros-gatos-clinicas/0003_201201G29P34991.htm
Fecha: 29.01.12

Aceptémoslo: los seres humanos somos herbívoros .

Interesante y completo artículo de Mari Tere Menéndez Monforte


En este escrito se intenta demostrar que las personas estamos diseñadas para comer exclusivamente alimentos vegetales. La mejor evidencia: nuestro cuerpo. Somos muy similares a los otros herbívoros y drásticamente diferentes de los carnívoros y de los auténticos omnívoros.

Nuestros dientes 'caninos' lo son sólo de nombre. Otros herbívoros (gorilas, caballos, hipopótamos) tienen "caninos", y los chimpancés, que son casi completamente vegetarianos, tienen colmillos impresionantes.

Somos omnívoros porque podemos comer carne (capacidad útil para la supervivencia, si es que no hay otra cosa que comer), pero esto no quiere decir que sea natural que la carne constituya parte de nuestra dieta diaria. Los gatos pueden comer vegetales (lea usted los ingredientes de la gatina), pero eso no los convierte en omnívoros).

Los primates más parecidos a las personas son vegetarianos y sólo comen carne cuando la necesidad se impone. Y si tienen la posibilidad de elegir, prefieren comer termitas.

Nuestros dientes, saliva, jugos estomacales e intestinos son similares a aquéllos de los herbívoros y con marcadas diferencias de los carnívoros y de los verdaderos omnívoros.

El lector carnívoro ya tiene media docena de objeciones a todo esto antes de leer el resto del artículo; por eso hay que tomar en cuenta que uno de los rasgos de la naturaleza humana es querer sentir que lo que estamos haciendo es correcto, adecuado y lógico. Cuando nos encaramos con algo que sugiere que nuestra conducta no es la mejor, nos resulta incómodo. Podemos: a) considerar que nuestras opciones pueden no haber sido las mejores, hecho que resulta extremadamente perturbador, o b) rechazar la evidencia, de manera que no nos tengamos que sentir mal por lo que hacemos (éste es el enfoque más cómodo). Es lo que en psicología se llama disonancia cognitiva.

Así pasa con el vegetarianismo. Los argumentos antivegetarianos son extremos. Una persona que nunca sugeriría una cosa tan fantástica como que las plantas piensan y sienten dolor, de repente sacará un argumento como éste cuando perciba que su costumbre de comer carne es cuestionada. Es la naturaleza humana.

Argumentos de los amantes de la carne

"Los humanos siempre hemos comido carne"

La gente piensa que una cosa es cierta simplemente porque da por supuesto que lo es. Todos crecimos pensando que nuestros antepasados eran carnívoros, pero ¿de dónde hemos sacado esta idea? ¿Qué dicen las pruebas al respecto? Los primeros humanos eran vegetarianos.

El Dr. John A. McDougall, una autoridad sobre la relación entre dieta y enfermedades, asegura que nuestros antepasados primitivos comían primordialmente vegetales.

Los pueblos prehistóricos empezaron a cazar animales en época relativamente reciente; no el suficiente para adaptarnos mediante la evolución.

Hay otro hecho importante nunca reconocido por los defensores de la carne: los humanos nos guiamos por ideas más que por instintos. Los otros animales están programados para saber qué es la comida. Nosotros, no. Podemos escoger qué queremos comer aunque sea contrario a la salud, tal como millones de personas están demostrando cada día cuando comen en McDonald's.

El antropólogo Robert W. Sussman sostiene que, en la prehistoria, los primates, incluido el hombre, no eran asesinos agresivos, sino pieza de caza: parte del menú de los predadores. La idea del hombre cazador provendría del paradigma aceptado por la ideología judeo-cristiana del pecado original, que atribuye una maldad que nos es inherente.

Sussman y la investigadora Donna L. Hart descubrieron que el Australopithecus afarensis no tenía dientes adaptados para comer carne. No podían comer carne. Si no podían comer carne, ¿para qué iban a cazar?

Los primeros hombres no pudieron comer grandes cantidades de carne hasta que descubrieron el fuego y aprendieron a cocerla. Sussman recuerda que las primeras herramientas fueron fabricadas no hace más de dos millones de años y las primeras hogueras datan de hace 800,000 años.

Algunos homínidos cazaban, pero no transcurrió el tiempo suficiente para una adaptación evolutiva.

En cualquier caso, la idea de que nuestros ancestros decidieran imitar a otros animales y comer carne no demuestra que sea natural para nuestra especie. Dado que los humanos no actuamos por instinto, el argumento histórico pierde fuerza.

"La vitamina B12 está en la carne"

La vitamina B12 no la producen los animales, sino las bacterias. La dieta cárnica es rica en B12 porque las bacterias proliferan en la suciedad (y la carne es sucia). Los vegetarianos necesitan el suplemento vitamínico si sólo comen vegetales limpios, porque si están sucios, obtendrán B12. De todas formas, la cantidad de esta vitamina que requiere un ser humano a lo largo de toda su vida es más peqeña que cuatro granos de arroz.

"¿Y la evolución?"

Por supuesto que no. Cualquiera que declare que hemos evolucionado por comer carne a través de habilidades de caza recientemente desarrolladas sólo demuestra de qué forma tan pobre entiende la evolución, que sucede en un período mucho más largo.

"¿Y los otros primates?"

Nuestros parientes más cercanosnos dan pistas sobre nuestra dieta ideal porque nuestras anatomías son similares. Muy pocos comen una cantidad significativa de animales; y los que lo hacen, casi siempre consumen insectos y no vacas, cerdos o pollos.

Jane Goodall, famosa por su extenso estudio sobre los chimpancés, descubrió que era muy extraño que comieran otros animales. Los críticos se aferran al hecho de que Goodall descubrió que los primates ocasionalmente comen carne. Pero aquí la palabra clave es 'ocasionalmente'. Si comiéramos carne de forma tan infrecuente como los otros primates, tendríamos una salud mucho mejor. A la misma Goodall aparentemente no la impresionó que los primates comieran carne ocasionalmente: Jane Goodall es vegetariana.

¿Qué comen los chimpancés? Fruta, semillas, hojas y flores constituyen el 95% - 99% de su dieta. El resto: termitas y carne.

Los defensores de la carne alegan que los chimpancés son omnívoros. Los chimpancés no comen ni res, ni cerdo ni pollo. La idea de que la dieta estadounidense, cargada de carne, se puede justificar por el hecho de que los chimpancés coman un 5% de termitas es bastante divertida.

Según la investigación de los científicos de Harvard, si la carne que comen los chimpancés fuera de buey, serían 10 gramos. Esto es aproximadamente 1/7 de una zanahoria. Sí, aquí tienen el "omnivorismo" demoledor de los chimpancés.

Si los primates comen carne escasamente, puede ser porque son inteligentes y, como los humanos, capaces de elegir, de actuar fuera del instinto. Como los estudiosos Sally Grande and Stephen Leckie han expresado: "Se sabe que los chimpancés matan, pero este comportamiento no es necesariamente dietético, sino ritualista."

Eugene Khutoryansky, defensor de la ética vegetariana, advierte: "Comer carne es ciertamente natural, en el sentido de que hay otros animales que también lo hacen. De hecho, a veces lo hacen hasta nuestros parientes vivos más próximos, los chimpancés. Sin embargo, hay muchas otras cosas que también son naturales. Por ejemplo, los chimpancés machos a veces violan a las hembras de su tribu, a veces hacen la guerra organizada contra otras tribus contra las cuales compiten por el territorio. Un chimpancé macho, en un momento de rabia, a veces coge a un bebé próximo y le aplasta el cráneo contra una roca. Y los chimpancés alguna vez comen carne, y alguna vez practican el canibalismo, aunque haya comida abundante de otras fuentes.

Por lo tanto, comer carne ciertamente es absolutamente natural. Sin embargo, el hecho de que sea natural no implica que sea éticamente permisible. Si creyéramos que comer carne es éticamente permisible simplemente porque hay otros animales que también lo hacen, esto implicaría que no es incorrecto violar, practicar el canibalismo o el infanticidio, hechos que ocurren de manera rutinaria en el reino animal".

Qué significa ser omnívoro

Omnívoro es el animal que consume a diario grandes cantidades de plantas y animales.

No hay duda de que los humanos somos capaces de digerir carne. Pero el simple hecho de que podamos digerir animales no quiere decir que lo tengamos que hacer, o que sea bueno para nosotros. Podemos digerir cartón, pero esto no quiere decir que lo tengamos que hacer.

Cuantos más alimentos animales ingerimos, más sufre nuestra salud.

McDougall cuenta cómo la habilidad de digerir comidas animales no hirió nuestra supervivencia como raza, aunque nos lo hace pagar con la duración de nuestra vida:

"Indudablemente, todas estas dietas cárnicas fueron adecuadas en una época de reproducción exitosa. Para tener y criar descendencia, sólo es necesario que vivas de 20 a 30 años y, casualmente, la esperanza de vida media era esa. Las pocas poblaciones de cazadores-recolectores que han sobrevivido hasta el siglo XXI están confinadas a las regiones más remotas, como el Ártico y las selvas de América del Sur y de África. Su esperanza de vida también se limita de 25 a 30 años y la mortalidad infantil es del 40% al 50%. Las sociedades de cazadores-recolectores afortunadamente sobrevivieron, pero, considerando su ardua lucha y la corta duración de su vida, yo no las situaría entre las sociedades más exitosas.”

Los humanos no deseamos comer animales enteros

A los verdaderos carnívoros les entusiasma la idea de comerse los animales de presa enteros. A los humanos, no. Nos interesa comer las partes del cuerpo sólo porque han sido separadas del animal original y procesadas, y porque hemos crecido comiéndolas, hecho que lo hace parecer perfectamente normal. Es sorprendente cuánta desconexión hemos sido capaces de aprender sobre la diferencia entre los animales y la comida. Tal como GoVeg lo explica:

A los carnívoros les gusta matar a otros animales y comer su carne cruda; les excita el olor de la sangre y la emoción de la caza. A la mayoría de los humanos, por otro lado, les repugna la visión de carne cruda y no pueden tolerar oír los gritos de los animales cuando los están destripando y matando. La sangrante realidad de comer animales es innatamente repulsiva para nosotros; más constatación de que no estamos hechos para comer carne.

Pregúntese: cuando ve animales muertos al lado de la carretera, ¿está tentado a detenerse para comer un bocado? ¿Le hace salivar la visión de un pájaro muerto? ¿Sueña despierto que mata vacas con las manos y se las come crudas? Si ha contestado "no" a todas estas preguntas, ¡felicidades! Es usted un herbívoro humano normal, le guste o no. Los humanos sencillamente no fuimos hechos para comer carne. No tenemos ni las características físicas de los carnívoros ni el instinto predador que los conduce a matar a la presa y devorarla.

Por ejemplo, los gatos son obligadamente carnívoros. Rechazan los alimentos dulces (carbohidratos) por los sensores en la lengua. Los seres humanos somos herbívoros, pues nuestra lengua no tiene sensores para los aminoácidos (que están en la carne), sólo para los carbohidratos (pongamos, un plátano). Si comemos carne es porque está sazonada.

Los perros son auténticos omnívoros: acaban tanto con los plátanos como con la carne.

Diferencias anatómicas entre carnívoros, omnívoros y herbívoros



Los carnívoros (el león, el perro, el lobo, el gato...) tienen muchas características únicas que los alejan de todos los otros miembros del reino animal. Todos ellos tienen un sistema digestivo muy simple y corto –sólo tres veces la longitud de sus cuerpos. Esto es porque la carne se descompone muy rápidamente y los productos de esta descomposición envenenan con rapidez la corriente sanguínea si se quedan demasiado tiempo dentro del cuerpo. Por esto se desarrolló un tracto digestivo corto, para permitir la expulsión de las bacterias putrefactivas de la carne en descomposición, y estómagos con diez veces el ácido clorhídrico de los animales no carnívoros (para digerir tejido fibroso y huesos). Junto con las garras afiladas, todos los carnívoros, debido a que tienen que matar principalmente con los dientes, poseen mandíbulas fuertes y caninos alargados y puntiagudos para perforar piel dura, clavar y lacerar carne. No tienen muelas, que los animales vegetarianos necesitan para triturar la comida. Contrariamente a los cereales, la carne no se tiene que masticar para predigerirla; se digiere principalmente en el estómago y los intestinos. Un gato, por ejemplo, prácticamente no puede masticar.

Mientras, los herbívoros comen hierba y hojas (el elefante, la vaca, la oveja, la llama, etc.), muchas de ellas gruesas y voluminosas. La digestión de este tipo de comida empieza en la boca con la enzima ptialina en la saliva. Estas comidas se trituran para que se mezclen con la ptialina. Por este motivo, los animales que comen hierba y hojas tienen 24 molares. Carecen degarras y dientes afilados; sorben el agua, en contraposición a los carnívoros, que la beben lamiéndola. Puesto que no comen alimentos que se descomponen rápidamente, pueden mantenerlos más tiempo circulando por el cuerpo. Sus sistemas digestivos son mucho más largos –intestinos de diez veces la longitud del cuerpo.

Hay estudios que demuestran que una dieta carnívora tiene efectos extremadamente perjudiciales para estos comedores de hierba y hojas. El Dr. William Collins, del Centro Médico Maimónides de Nueva York, descubrió que los carnívoros tienen una “capacidad casi ilimitada de asimilar grasas saturadas y colesterol”. Pero, si se añade diariamente media libra de grasa animal a la dieta de un conejo, al cabo de dos meses sus vasos sanguíneos quedan cubiertos de grasa y le da arteriosclerosis. El sistema digestivo humano tampoco está diseñado para digerir carne, y cuanta más comemos, más nos enfermamos.

Los omnívoros muestran características anatómicas que le facilitan comer tanto carnes como vegetales. Según la teoría evolutiva, la estructura del aparato digestivo del carnívoro es más primitiva que las adaptaciones herbívoras. Ésta es exactamente la situación que encontramos en el oso, el mapache y ciertos miembros de las familias caninas.

Por ejemplo, los osos, que se clasifican como carnívoros, son omnívoros anatómicos clásicos. Aunque comen algunos animales, son sobre todo herbívoros con 70-80% de su dieta comprendida por plantas (la excepción es el oso polar, cuya alimentación primaria es la grasa de foca.) No digieren bien la vegetación fibrosa y por lo tanto, su alimentación es altamente selectiva: hierbas, tubérculos y bayas. Muchos científicos creen que los osos hibernan porque su principal alimento no está disponible en los fríos inviernos del norte (la hibernación de los osos polares es durante el verano, cuando las focas son inasequibles.)

Los plantígrados tienen el intestino delgado corto, como el de los carnívoros puros, y el colon es simple, liso y corto. Conservan las garras alargadas de los carnívoros.

¿Y nosotros?

Sólo vea la tabla de arriba. Claramente, los seres humanos no somos carnívoros por fisiología –nuestra anatomía y nuestro sistema digestivo demuestran que tenemos que haber evolucionado durante millones de años viviendo de fruta, frutos secos, cereales y verdura.

Además, es obvio que nuestros instintos naturales no son carnívoros. La mayoría de las personas dejan que otros les maten la carne y les repugnaría tener que hacerlo ellas mismas. En vez de comer carne cruda, como todos los carnívoros, los humanos la hervimos, cocemos o freímos y la disfrazamos con todo tipo de salsas y especias para que no se parezca nada a su estado crudo (excepto el filete a la tártara y el carpaccio, que son refinamientos).

Los científicos y los naturalistas, incluido el gran Charles Darwin, padre de la Teoría de la Evolución, están de acuerdo en que los primeros humanos eran comedores de fruta y verdura y que durante la historia nuestra anatomía no ha cambiado. El gran científico sueco Carlos Lineo afirmaba: “La estructura externa e interna del hombre, comparada con la de los otros animales, evidencia que la fruta y la verdura suculenta constituyen su alimento natural.”

En cuanto al 'argumento de los ojos' --que los depredadores tienen los ojos delante de la cabeza para la visión binocular, mientras que los animales de presa los tienen a los lados, lo cual indicaría que somos depredadores-, ignora el hecho de que los animales a los que más nos parecemos, los otros primates, tienen ojos delante de la cabeza y son casi exclusivamente vegetarianos.

Si la carne fuera buena para nosotros, no nos mataría

Las pruebas médicas son contundentes e indiscutibles: a más comidas de origen animal, más enfermedades del corazón, cáncer y diabetes. Esto se ha demostrado exhaustivamente, sin ningún tipo de duda. Si fuera natural que comiéramos estos alimentos, no nos matarían. Dean Ornish y John McDougall han probado exhaustivamente que los alimentos de origen animal nos enferman y que podemos recuperar la salud convirtiéndose al veganismo (abstención no sólo de carne sino de cualquier alimento de origen animal, como lácteos y huevos).

Los vegetarianos somos más sanos

John Robbins escribió en Diet for a New America sobre cómo los vegetarianos tienen mucha más resistencia y aguante que los que comen carne:

En Yale, el Profesor Irving Fisher diseñó una serie de pruebas para comparar la resistencia y fuerza de carnívoros y vegetarianos. Seleccionó hombres de tres grupos: atletas carnívoros, atletas vegetarianos y sedentarios vegetarianos. Fisher comunicó los resultados de su estudio en el Yale Medical Journal: "De los tres grupos comparados, los que comían carne demostraron menos resistencia que los que se abstenían (vegetarianos), incluso cuando estos últimos llevaban una vida sedentaria."

En general, la puntuación media de los vegetarianos estaba por encima del doble de la puntuación media de los que comían carne. Fisher llegó a la siguiente conclusión:

"...la diferencia de resistencia entre los que comían carne y los que se abstenían se debe completamente a la diferencia de dieta… hay pruebas contundentes de que una dieta sin carne es propicia para la resistencia."

Conclusiones

La anatomía humana es mucho más similar a la de los herbívoros que a la de los carnívoros.

Los humanos somos omnívoros en cuanto que somos capaces de comer carne, pero no es 'natural' para nosotros.

Una excepción no invalida la evidencia.

Fuente: http://a7.com.mx/reportajes/10281-aceptemoslo-los-seres-humanos-somos-herbivoros.html
Fecha: 28.01.12