domingo, 12 de febrero de 2012

El león se extingue

Apenas quedan 20.000 leones en libertad, solo 4.000 de ellos machos. Los naturalistas Dereck y Beverly Joubert lanzan una campaña para salvarlos.

Impresionante vídeo de una de sus conferencias, subtitulado en español:

Pocas experiencias hay tan impresionantes como oír el rugido de un león en la inmensa noche africana. Ese sonido que parece brotar de las entrañas mismas de la naturaleza y llenarlo todo es la quintaesencia de África. Como lo es la melena del gran depredador. Símbolo regio por excelencia, encarnación del poder, imagen de la fuerza, el león parece inmortal y eterno. Y sin embargo se encuentra en una situación de peligrosa vulnerabilidad, en el límite incluso de la extinción. "Aunque muchos lo consideren imposible, tenemos que empezar a pensar en un África sin leones muy pronto", advierte Dereck Joubert, una de las personas del mundo que mejor conoce a esos felinos. "Si no ponemos remedio inmediatamente, van a desaparecer, y rápido, en 10 o 15 años".

¿Qué amenaza al rey de la selva? "Cinco cosas: el hombre, el hombre, el hombre, el hombre y el hombre", recalca con ferocidad el naturalista. En su opinión, bastaría con 50 millones de dólares - "un precio barato"- para salvar al gran icono de África, del que apenas quedan 20.000 ejemplares, tras ver reducida su población en las últimas dos décadas en un 50 %. Hace medio siglo había 400.000. Pueden parecer muchos esos 20.000, sobre todo si piensas en los devoradores de hombres del Tsavo o de Wangingombe, o si has visto alguno muy cerca. Pero, señala Joubert, solo unos 4.000 son machos. Y, sin contar con los que masacran los furtivos, se cazan con licencia 600 de ellos al año, para trofeos, lo que provoca un declive imparable en las manadas, organizadas segun un esquema familiar.

Dereck y su mujer, Beverly Joubert, sudafricanos, llevan casi treinta años filmando leones e investigando su comportamiento en los grandes parajes del continente, sobre todo en Botsuana y Kenia. Exploradores en residencia de National Geographic, son autores de 22 filmes y diez libros, además de diversos artículos científicos y numerosos reportajes. Saben de leones. Quien firma este reportaje los ha visto desde su mismo todoterreno rastreando a los felinos en la sabana en emocionantes jornadas de garra y colmillo. Una vez, Dereck filmaba tan cerca de una cacería que se manchó de sangre; nunca ha sabido, dice, si quien pasó rozándolo mientras miraba por el objetivo ensimismado fue el búfalo o, ¡Dios santo!, el propio depredador.

Hoy no estamos en los predios del león, ni se recortan en el inacabable horizonte las manadas infinitas de sus presas. Esto es París, no hay más leones que los de bronce que adornan algunas plazas o los de los relieves asirios del Louvre. Los Joubert han dejado sus escenarios salvajes para encender desde aquí la luz roja de advertencia sobre el terrible destino de las fieras.

Beverly viste chic aunque conserva su sombrero. A Dereck se le nota más incómodo, a lo Cocodrilo Dundee en la ciudad. A su paso por el boulevard Saint Germain la gente se gira sin saber bien si se han cruzado con una versión asilvestrada de Karl Lagerfeld o con Buffalo Bill, regresado a la capital francesa con su Wild West Show más de un siglo después. La otra noche se proyectó en primicia en la Biblioteca Nacional de Francia el extraordinario filme de los Joubert Los últimos leones, acerca de una hembra, bautizada Ma di Tau ("madre de leones", en tsuana) que lucha por la supervivencia en Duba, una isla en los pantanos del Okavango, en Botsuana, como una metáfora de su especie. Es una película de enorme dramatismo, con imágenes de los leones cazando en el agua y narrada en tono épico por Jeremy Irons -paradójicamente la voz de Scar, el león malo en El rey león-. La emite mañana lunes a las 18.00 Nat Geo Wild (dial 130 de Canal +) y la siguen cada día hasta el domingo otras producciones sobre leopardos, pumas, jaguares, tigres, guepardos y la pantera nebulosa: una semana de fieras. El filme, acompañado por un libro, sirve de reclamo de la iniciativa Big Cats lanzada por los Joubert para tratar de salvar a los leones y a otros grandes felinos en peligro de extinción (incluye una campaña en Internet).

Sentados en un café, les señalo a los Joubert si no les parecen muy crueles algunas escenas de su película -como la del cachorro de león arrastrándose con la espalda rota o la del búfalo con el befo colgando tras un mordisco-. "La naturaleza es indiferente, no cruel", salta Beverly. "No hay maldad en la naturaleza, solo en el hombre". Para amansar a los dos naturalistas les pregunto de qué le sirve la melena al león. Apunto que el gran George B. Schaller, autor del estudio definitivo sobre los leones (The Serengeti lion, 1972, un voluminoso tomo que llevo conmigo para impresionarlos), considera que puede ser un elemento de protección. "Hay muchas teorías, defensa, temperatura", responde Dereck mesándose su propia melena. "Mi opinión es que la usan como bandera, para que los reconozcan los demás". El especialista en leones alaba a Schaller (del que Altaïr ha publicado unos relatos memorialísticos maravillosos en Un naturalista y otras bestias) y su trabajo: "Nos conocemos y nos carteamos, es un gran zoólogo, inteligente y humilde, le consultamos muchas cosas; coincide con nosotros en el declive del león, como todos los expertos". La lectura de The Serengeti lion confirma muchas de las cosas que aparecen en el filme: abundan los leones tuertos, como Silver Eye, la infanticida y acerba rival de Ma di tau. Y la mortandad de cachorros es verdaderamente espeluznante (más del 67 %).


El proyecto Big Cat exige que se prohíba ya cazar leones, igual que ha sido prohibido cazar tigres. Los Joubert subrayan que hoy existe un consenso absoluto entre los científicos sobre que los leones están cerca de la extinción. Sin embargo, recuerdan, se los puede seguir cazando legalmente en Tanzania, Zambia, Namibia, Zimbabwe y Sudáfrica. Otros países permiten la caza con restricciones y en otros no hay protección legal alguna. Son muy pocos los que han prohibido completamente cazarlos. La presión de los cazadores occidentales que pagan -y mucho- por su trofeo es tan grave, según los naturalistas, como la de los furtivos. "El león es el único felino realmente social y cuando matas a uno toda la manada se resiente", indican. "Hemos calculado que por un león cazado puedes perder veinte. Llevarte un león para colgarlo en la pared supone una tragedia colectiva. Pero no hay forma de que lo comprendan los cazadores, especialmente en los EE UU. Muchos se creen Hemingway". Hay que ver el daño que ha hecho Verdes colinas de África, apunto. "No se dan cuenta de que los tiempos han cambiado. Cazar un león cuando se están extinguiendo ya no es un deporte cool".

Dereck no entiende como muchos cazadores que afirman amar la naturaleza son capaces de matar a un león. "Es inconcebible, dicen 'qué hermoso', y le disparan, así, sin ningún remordimiento. Con una mirada que es difícil sostener si no eres un león, me reprocha como si yo esgrimiera un rifle .375 H&H y no un boli: "Hay muchos españoles en la caza mayor".

¿No está peor el tigre? "Quedan menos, efectivamente. Unos tres mil en estado salvaje. Pero desde el punto de vista de la conservación no es lo mismo perder un tigre que un león. El tigre no es social, viven de manera solitaria en territorios enormes y la muerte de uno no afecta de manera tan grave a la especie. Con muchos menos tigres puedes asegurar su pervivencia". El tigre, además, se encuentra mejor protegido legalmente. De hecho una de las iniciativas del proyecto Big Cats es lograr la equiparación de ambos. Poner al león africano en el Apéndice I de la Convencion de Comercio Internacional de Especies Amenazadas (CITES) y no en el II como está ahora . "Que se prohíba ya cazar leones, como se ha prohibido cazar tigres".

Una de las ideas iniciales de los Joubert era comprar licencias, es decir, pagar para salvar a leones condenados, pero ahora creen que la medida es insuficiente. Además de detener la caza legal, hay otros frentes. "Hay que preservar las áreas protegidas. Hace falta dinero para pagar compensaciones a las tribus que pierden su ganado en las garras de los leones y los matan por ello, pagarles la vaca muerta a precio de mercado. Y para educar a los masais y a los demás en la idea de que los leones no son una amenaza a sus intereses sino una fuente de riqueza". Otro gasto es en la protección de ganado. Dereck señala la posibilidad de colocar algún tipo de dispositivo electrónico en los leones que advierta de su presencia a las vacas. Salvar al león significa, destacan los Joubert, salvar a muchas otras especies, el ecosistema africano e incluso los parques naturales y a los propios africanos. "No olvidemos que el gran reclamo de los safaris fotográficos es los leones. Si dejara de haberlos, el turismo desaparecería. Nadie quiere ir a una reserva en África en la que no haya leones".

Siempre quedarán los leones en cautividad. "No es lo mismo. A pesar de experiencias como la de la Elsa de Nacida libre, los leones no pueden ser reintroducidos con éxito en la naturaleza". Los Joubert están contra los zoos. "Hoy hay otras formas de observar animales, como las películas, incluso en 3D". En cuanto a los circos, "son una absurda extravagancia que ridiculiza y humilla a los animales". Estos, recalcan, "no están en el mundo para entretenernos", y se los debe ver en su medio en un ambiente de "celebración y respeto".

En cambio, consideran que los gatos domésticos, tener uno, son una buena forma de aprender lo fascinantes que resultan los felinos. "Aprendes más de los leones observando a un gato que yendo al circo o al zoo. Entendiendo al gato, entiendes al león".

Fuente: http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/02/11/actualidad/1328968017_645188.html
Fecha: 11.02.2012

"Herrar a los caballos los perjudica y les acorta la vida"

Entrevista a Pierre Enoff, defensor de los caballos. Los responsables de la Fundación Projecte Miranda ya le han pedido que asesore su proyecto de mantener una manada de caballos en libertad en la Cerdanya, sin herrar.


Qué tienen sus caballos que no tengan otros?
Salud, libertad, felicidad.

¿Los demás son infelices, insanos y esclavos?
Sí.

¿Por qué?
Porque están herrados.

¡Siempre se ha herrado a los caballos!
No: Gengis Khan conquistó medio mundo con caballos sin herrar, los nativos norteamericanos montaron caballos sin herrar...

¿Y qué hay de malo en herrarlos?
¡Todo! La herradura enferma al caballo y acorta drásticamente su vida.

Nunca había oído eso.
Es científicamente demostrable: mis caballos sin herrar viven hasta los 50 años, mientras que un caballo herrado enferma y es sacrificado a los nueve años.

¿Tan joven?
Apenas alcanzada la edad adulta, sí. Los mismos que los torturan con herraduras les dan mala vida y los sacrifican... ¡dicen que aman a los caballos!

¿Por qué es tan dañina la herradura?
Entre el casco y la herradura se instalan microbios que acaban internándose en el organismo del caballo y daña pulmones y otros órganos. Pero eso no es lo peor...

¿Qué es lo peor?
Además de su corazón central, ¡cada casco del caballo es como un pequeño corazón! Y la herradura paraliza esos corazones...

¿Cuatro corazones? ¿Cómo es eso?
En el núcleo de cada casco hay una almohadilla que, a cada pisada, se comprime y presiona la arteria que la traspasa... ¡y eso bombea la sangre pierna arriba!

Entiendo el mecanismo.
Pero sólo funciona con el casco desnudo, sin herrar: herrado, no hay presión sobre la almohadilla, que se atrofia, y ya no bombea.

¿Con qué consecuencias?
Peor circulación sanguínea y mayor esfuerzo por parte del corazón: ¡un sobreesfuerzo que acorta la vida del caballo!

Alguna ventaja tendrá herrarlos...
¡Ninguna! Dicen que la herradura facilita al caballo circular sobre todas las superficies: ¡falso! Con el casco desnudo, mediante las fibras de la uña y el sonido, el caballo identifica cada superficie y camina más seguro. Con herradura sólo siente y oye hierro.

Pero si le toca caminar sobre asfalto...
¡Peor herrarlo! Con herradura resbala, pero el casco desnudo actúa como freno ABS, tanto sobre asfalto como sobre hielo.

Pues los de la Guardia Urbana...
¡Me ofrezco para asesorarlos!

¿Algún otro argumento para desterrar las herraduras?
Evita accidentes.

¿Por qué?
La herradura obliga al caballo a caminar sobre la punta de la uña: eso transmite contracciones musculares al lomo. ¡Todos los caballos herrados tienen dolor de espalda!

Y sin quejarse.
Por eso a veces se encabritan cuando se los ensilla o se montan, y tiran al jinete, lo que provoca graves accidentes. ¡Hay siete veces menos caídas en caballos sin herrar!

¿Cuándo empezaron a ser herrados?
Después de la Primera Cruzada, en la edad media, al conformarse los ejércitos. Eso obligó a estabular a los caballos, que pisaban sus heces: por eso se pensó que la herradura protegería el casco. Y aún se sigue creyendo lo mismo, sin fundamento alguno

¿Saben esto hípicas y veterinarios?
Les cuesta aceptarlo. En Francia me han demandado... ¡y me alegro!: eso obligará a enjuiciar el asunto. No tiene sentido seguir maltratando a los caballos a conciencia.

¿Qué más podríamos evitarles?
El caballo es por naturaleza gregario, claustrofóbico y noctámbulo. Por lo tanto, mantener a un caballo aislado, encerrado y quieto durante la noche ¡es una tortura!

Vaya. Lo hacemos todos mal todo.
No, yo no: yo tengo a los míos sueltos por el campo y sin herrar, ¡y son felices! Se dejan montar, son seguros y sanos. No necesitan veterinario. Un caballo precisa recorrer veinte kilómetros diarios para estar bien.

¿Y alguna dieta en particular?
El caballo come hierba del campo, es su naturaleza. ¿Por qué en las hípicas y establos les alimentan como si fuesen pollos? ¡Con grano! Eso debilita sus tendones.

¿Cómo se metió usted en el mundo de los caballos?
Yo era ingeniero, pero decidí cambiar de vida. Y elegí la tierra de mis mayores, la Cerdanya. Y allí me topé con los caballos.

¿Y qué hizo?
Me dediqué a observarlos con mirada de ingeniero, y así comprendí sus mecanismos. Por eso respeto su imperativo biológico, defiendo su bienestar. Y tengo presente la frase de Gandhi: "La calidad de una cultura se mide por su trato a los animales".

¿Es usted de los que susurran a los caballos?
No se crea usted nada de eso. Con un caballo puedes establecer una relación de confianza y respeto, ¡pero nadie sabrá nunca cómo piensa un caballo!

¿Qué podemos aprender de los caballos?
¡Todo! Los caballos no juzgan: viven en el presente. Y te enseñan cómo conducirte en tus relaciones personales.

¿Sí? ¿Cómo lo hacen ellos?
Comparten el momento con el otro, sin proyectarle suposiciones, prejuicios, intenciones. Los caballos son nuestros maestros.

Projecte Miranda

Enoff acumula demandas y tiene prohibido conferenciar en las facultades de Veterinaria de Francia: lo que explica acerca de los caballos se considera allí un tabú. Por eso Enoff tiene confianza en ser más escuchado aquí. Los responsables de la Fundación Projecte Miranda (http://www.projectemiranda.cat/) ya le han pedido que asesore su proyecto de mantener una manada de caballos en libertad en la Cerdanya, sin herrar. Enoff vela por la suya en la misma zona (http://www.equi-libre.fr/), y me habla de su propio caballo, que a sus 35 años pasa por su mejor momento de madurez y experiencia. Enoff es un enamorado de los caballos y su mejor abogado, puesto que los defiende desde postulados científicos.

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Fuente de la noticia: http://www.lavanguardia.com/lacontra/20120211/54252536576/pierre-enoff-herrar-a-los-caballos-los-perjudica-y-les-acorta-la-vida.html
Fecha: 11.02.2012